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El infierno como lugar y estado

julio 6th, 2014

UnCatolico

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La realidad del infierno es un estado de eterna desdicha, pero además ha de ser un lugar cuando resucitemos en el juicio final. Descubra las características del infierno tanto como estado como lugar.

La motivación inicial de este artículo surge en medio de un debate sobre si Dios castiga o no. Es evidente que Dios castiga (pueden saber más en este artículo de José Miguel Arraíz en Infocatólica) pero la persona con la cual debatía me sugería que Dios no había creado el infierno como realidad sino que este era simplemente el alejamiento de Dios. Es por eso que he querido resaltar la característica de lugar y estado que tiene el infierno.

« Entonces dirá también a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles» Mateo 25,41

« No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena» Mateo 10,28

« Jesús amenaza a los pecadores con el castigo del infierno. Le llama gehenna (Mt 5, 29 s ; 10, 28; 23, 15 y 33; Mc 9, 43, 45 y 47 [G] ; originariamente significa el valle Ennom), gehenna de fuego (Mt 5, 22; 18, 9), gehenna donde el gusano no muere ni el fuego se extingue (Mc 9, 46 s [G 47 s]), fuego eterno (Mt 25, 41), fuego inextinguible (Mt 3, 12; Mc 9, 42 [G 43]), horno de fuego (Mt 13, 42 y 50), suplicio eterno (Mt 25, 46). Allí hay tinieblas (Mt 8, 12; 22, 13; 25, 30), aullidos y rechinar de dientes (Mt 13, 42 y 50; 24, 51; Lc 13, 28). San Pablo da el siguiente testimonio: «Esos [los que no conocen a Dios ni obedecen el Evangelio] serán castigados a eterna ruina, lejos de la faz del Señor y de la gloria de su poder» (2 Thes 1, 9) ; cf. Rom 2, 6-9; Hebr 10, 26-31. Según Apoc 21, 8, los impíos «tendrán su parte en el estanque que arde con fuego y azufre» ; allí serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos» (20, 10) ; cf. 2 Petr 2, 6; Iud 7.

 

Los padres dan testimonio unánime de la realidad del infierno. Según SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA, todo aquel que «por su pésima doctrina corrompiere la fe de Dios por la cual fue crucificado Jesucristo, irá al fuego inextinguible, él y Ios que le escuchan» (Eph. 16, 2). SAN JUSTINO funda el castigo del infierno en la idea de la justicia divina, la cual no deja impune a los transgresores de la ley (Apol. II 9); cf. Apol. 18, 4; 21, 6; 28, 1; Martyrium Polycarpi 2, 3; 11, 2; SAN IRENEO, Adv. haer. Iv 28, 2.» Manual de Teológia Dogmática por Ludwig Ott 

 

 

El infierno como estado

Del Catecismo destaco lo siguiente en relación a la realidad del infierno como estado:

« […] Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de Él para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra “infierno”»  Catecismo 1033

Nadie coloca en duda el estado de desdicha y sufrimiento que se vive en el infierno, de hecho el estado, es mucho más importante que la consideración de lugar como lo mencionó Juan Pablo II en una audiencia pública. A modo de ilustración; de nada sirve estar en el mejor hotel del mundo, si de modo particular debes dormir en una cama de púas afiladas, comer alimentos en descomposición y bañarte en una piscina de aguas residuales.

«  El infierno, más que un lugar, indica la situación en que llega a encontrarse quien libre y definitivamente se aleja de Dios, manantial de vida y alegría » Juan Pablo II en Audiencia 28 de julio de 1999

Existirán dos tipos de pena, la principal será “pena de daño” que consiste en la pérdida definitiva de la visión beatífica de Dios. La  “pena de sentido” se refiere en cambio, al tormento de los condenados causado externamente por medios sensibles.

«  Estos sufrirán como castigo la perdición eterna, alejados de la presencia del Señor y de la gloria de su poder » 2 Tesalonicenses 1,9

« El Diablo, que los había seducido, será arrojado al estanque de azufre ardiente donde están también la Bestia y el falso profeta. Allí serán torturados día y noche por los siglos de los siglos » Apocalipsis 20,10  

«  en cambio, los herederos del reino serán arrojados afuera, a las tinieblas, donde habrá llantos y rechinar los dientes » Mateo 8,12

«  Los concilios unionistas de Lyón y Florencia declararon que las almas de los condenados son afligidas con penas desiguales («poenis tamen disparibus puniendas») ; Dz 464, 693. Probablemente esta fase no se refiere únicamente a la diferencia específica entre el castigo del solo pecado original (pena de daño) y el castigo por pecados personales (pena de daño y de sentido), sino que también quiere darnos a entender la diferencia gradual que hay entre los castigos que se dan por los distintos pecados personales.

 Jesús amenaza a los habitantes de Corozaín y Betsaida asegurando que por su impenitencia han de tener un castigo mucho más severo que los habitantes de Tiro y Sidón ; Mt 11, 22. Los escribas tendrán un juicio más severo; Lc 20, 47.

 SAN AGUSTÍN nos enseña : «La desdicha será más soportable a unos condenados que a otros» (Enchir. III). La justicia exige que la magnitud del castigo corresponda a la gravedad de la culpa  »  Manual de Teológia Dogmática por Ludwig Ott 

La mayor parte de los Padres de la Iglesia, los escolásticos y casi todos los teólogos modernos suponen la existencia de un fuego físico o  mejor dicho agente de orden material, puesto a que no se puede comparar con el fuego que conocemos, entre otras cosas porque es inextinguible. En definitiva se habla de un fuego sobrenatural pero de orden material.

«  El fuego del infierno fue entendido en sentido metafórico por algunos padres (como Orígenes y San Gregorio Niseno) y algunos teólogos posteriores (como Ambrosio Catarino, J. A. Möhler y H. Klee), los cuales interpretaban la expresión «fuego» como imagen de los dolores puramente espirituales — sobre todo, del remordimiento de la conciencia — que experimentan los condenados. El magisterio de la Iglesia no ha condenado esta sentencia, pero la mayor parte de los padres, los escolásticos y casi todos los teólogos modernos suponen la existencia de un fuego físico o agente de orden material, aunque insisten en que su naturaleza es distinta de la del fuego actual. La acción del fuego físico sobre seres puramente espirituales la explica SANTO TOMÁS — siguiendo el ejemplo de San Agustín y San Gregorio Magno — como sujeción de los espíritus al fuego material, que es instrumento de la justicia divina. Los espíritus quedan sujetos de esta manera a la materia, no disponiendo de libre movimiento; Suppl. 70, 3. A propósito de una declaración de la Penitenciaría Apostólica sobre la cuestión del fuego del infierno (Cavallera 1466), editada el 30 de abril de 1890, véase H. LANGE, Schol 6 (1931) 89 s »  Manual de Teológia Dogmática por Ludwig Ott

El infierno como lugar

En el último día (Juan 6,39) recuperaremos nuestra condición carnal al resucitar, los que “hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación” (Juan 5,28 -29) por ejemplo Judas se fue «al lugar que le correspondía» (Hechos 1, 25) de hecho Jesús le dedica las palabras más duras reconociendo implícitamente su condenación “¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!” (Mateo 26,24. En este sentido carnal no hay razón alguna para considerar nuestra condición física como algo negativo per se, Dios mismo se hizo carne y puso su morada entre nosotros (Juan 1,14; Apocalipsis 21,3)

«Si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros » Romanos 8, 11

« Lo que es corruptible debe revestirse de la incorruptibilidad y lo que es mortal debe revestirse de la inmortalidad.» 1 Corintios 15, 53

«Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la vida eterna, otros para el oprobio, para el horror eterno»  Daniel 12,2

 « ¡Ay de las naciones que se levantan contra mi pueblo! El Señor todopoderoso los castigará en el día del Juicio: pondrá en su carne fuego y gusanos, y gemirán de dolor eternamente» Judit 16,17

Ahora bien, nuestro cuerpo carnal hará que sea necesario que tanto el cielo como el infierno además de ser un estado, sea un lugar para nosotros, de tal manera de albergar nuestro cuerpo resucitado.

« Lugar: Espacio ocupado o que puede ser ocupado por un cuerpo cualquiera »  Diccionario de la Real Academia Española

Nuestro Señor Jesucristo resalta que en el infierno no solo estará nuestra alma sino también nuestro cuerpo:

«Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. »  Mateo 10,28

Sobre las características que como lugar penal tiene el infierno, santo Tomás nos indica los siguientes aspectos:

« 1. El lugar no atormenta al ángel ni al alma en cuanto que influya en ellos alterando su naturaleza, sino en cuanto que influye en su voluntad, entristeciéndola, al ver, lo mismo el ángel que el alma, que están en un lugar que su voluntad rechaza.

3. […] Por lo tanto, hay que decir: Así como el cielo es el lugar de la gloria de los ángeles, y, sin embargo, su gloria no disminuye cuando vienen a nosotros, porque consideran aquel lugar suyo (a la manera como tampoco decimos que disminuya el honor del obispo cuando no está sentado en su cátedra), así también se ha de decir que, aun cuando los demonios, mientras ocupan nuestra tenebrosa atmósfera no están encadenados al fuego infernal, sin embargo, sólo el saber que aquella prisión les corresponde es ya suficiente para que no disminuya su tormento. Por eso, en cierta glosa a Sant 3,6 se dice: Dondequiera que vayan, consigo llevan el fuego del infierno. A esto no se opone aquello que se dice en Lc 8,31: Rogaron al Señor que no los mandara al abismo. Si pidieron esto fue porque consideraban como castigo el estar excluidos de un lugar en el que podían perjudicar a los hombres. Por eso, en Mc 5,10 se dice: Le suplicaban que no los echara fuera de aquella región. »    (Suma teológica – Parte Ia – Cuestión 64 Sobre la pena de los demonios- Artículo 4: El aire, ¿es o no es el lugar penal de los demonios?)

Se entiende por lo tanto que el infierno es tanto lugar como estado para las almas de los pecadores, pero los demonios donde quiera que vayan llevan consigo el fuego del infierno, pues carecen de cuerpo. Aún en la tierra que es un lugar, los demonios se mueven libremente. En el infierno tanto los demonios como las almas, estarán juntos. 

«  El infierno es un lugar y estado de eterna desdicha en que se hallan las almas de los réprobos. La existencia del infierno fue impugnada por diversas sectas, que suponían la total aniquilación de los impíos después de su muerte o del juicio universal. También la negaron todos los adversarios de la inmortalidad personal (materialismo)»  Manual de Teológia Dogmática por Ludwig Ott 

« 2. Conforme al orden de la naturaleza, un alma no es superior a otra, y, en cambio, los demonios en el orden de la naturaleza son superiores al hombre. Por lo tanto, no hay paridad. »  (Suma teológica – Parte Ia – Cuestión 64 Sobre la pena de los demonios- Artículo 4: El aire, ¿es o no es el lugar penal de los demonios?)

«  Entonces dirá también a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles »   Mateo 25,41

 

 

Descenso de Cristo a los infiernos

«  En el espíritu fue también a predicar a los espíritus encarcelados,en otro tiempo incrédulos »  1 Pedro 3,19

 

Hay consideraciones muy relevantes que hace santo Tomás de Aquino en relación al infierno como lugar y estado en relación al descenso de Cristo a los infiernos:

«   3. Al instante de haber padecido Cristo la muerte, su alma descendió al infierno, y manifestó el fruto de su pasión a los santos que allí estaban retenidos, aunque no salieran de tal lugar mientras Cristo moró en los infiernos, porque la misma presencia de Cristo pertenecía al culmen de la gloria. »  (Suma teológica – Parte IIIa – Cuestión 52 – Sobre el descenso de Cristo a los infiernos – Artículo 5: ¿Cristo, bajando a los infiernos, libró de allí a los santos Padres?)

«  [..] para que, así como manifestó su poder en la tierra viviendo y muriendo, lo manifestase también en el infierno, visitándolo e iluminándolo. Por esto se dice en el Sal 23,7.9: Levantad, príncipes, vuestras puertas; esto es, comenta la Glosa: Príncipes del infierno, apartad de vosotros el poder con que hasta ahora manteníais a los hombres en el infierno; y así, al nombre de Jesús se doble toda rodilla, no sólo en los cielos sino tambiénen los infiernos, como se dice en Flp 2,10. » (Suma teológica – Parte IIIa – Cuestión 52 -Sobre el descenso de Cristo a los infiernos – Artículo 1: ¿Fue conveniente que Cristo bajase a los infiernos?)

«  De dos modos se dice que algo está en un lugar. Uno, por su poder. Y, de esta manera, Cristo bajó a cualquiera de los infiernos; pero no a todos por igual. Pues, al bajar al infierno de los condenados, su eficacia se tradujo en impugnarles por su incredulidad y por su malicia. En cambio, a los que estaban encerrados en el purgatorio les dio la esperanza de alcanzar la gloria. Y a los santos Patriarcas, que estaban encerrados en el infierno solamente por el pecado original, les infundió la luz de la gloria. » (Suma teológica – Parte IIIa – Cuestión 52 – Sobre el descenso de Cristo a los infiernos – Artículo 2: ¿Cristo descendió también al infierno de los condenados?)

 « Pero en la muerte de Cristo, aunque el alma se separó del cuerpo, ni uno ni otra estuvieron separados de la persona del Hijo de Dios, como arriba se ha dicho (q.50 a.2 y a.3). Y por eso, es preciso decir que, durante los tres días de la muerte de Cristo, todo Él estuvo en el sepulcro, porque toda su persona permaneció allí por medio del cuerpo que le estaba unido; y del mismo modo estuvo todo Él en el infierno, porque allí estuvo toda la persona de Cristo por razón del alma que le estaba unida; también Cristo todo él estaba en todas partes por razón de su naturaleza divina.» (Suma teológica – Parte IIIa – Cuestión 52 – Sobre el descenso de Cristo a los infiernos – Artículo 3: ¿Cristo estuvo todo él en el infierno?)

 

Virgen de Fátima muestra el infierno

« Mientras Nuestra Señora decía estas palabras abrió sus manos una vez más, como lo había hecho en los dos meses anteriores. Los rayos de luz parecían penetrar la tierra, y vimos como si fuera un mar de fuego. Sumergidos en este fuego estaban demonios y almas en forma humana, como tizones transparentes en llamas, todos negros o color bronce quemado, flotando en el fuego, ahora levantadas en el aire por las llamas que salían de ellos mismos junto a grandes nubes de humo, se caían por todos lados como chispas entre enormes fuegos, sin peso o equilibrio, entre chillidos y gemidos de dolor y desesperación, que nos horrorizaron y nos hicieron temblar de miedo. (debe haber sido esta visión la que hizo que yo gritara, como dice la gente que hice). Los demonios podían distinguirse por su similitud aterradora y repugnante a miedosos animales desconocidos, negros y transparentes como carbones en llamas. Horrorizados y como pidiendo auxilio, miramos hacia Nuestra Señora, quien nos dijo, tan amablemente y tan tristemente:

 

Ustedes han visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Es para salvarlos que Dios quiere establecer en el mundo una devoción a mi Inmaculado Corazón. Si ustedes hacen lo que yo les diga, muchas almas se salvarán, y habrá paz. Esta guerra cesará, pero si los hombres no dejan de ofender a Dios, otra guerra más terrible comenzará durante el pontificado de Pio XI. Cuando ustedes vean una noche que es iluminada por una luz extraña y desconocida (esto ocurrió en Enero 28, 1938) sabrán que esta es la señal que Dios les dará que indicará que está apunto de castigar al mundo con la guerra y el hambre, y por la persecución de la Iglesia y del Papa»

 Aparición del 13 de Julio de 1917

 

La revista mensual católica portuguesa «Christus» editada en Lisboa por el grupo editorial «Semanario», publicó en el número correspondiente al 3 de marzo de 1998, la primera entrevista que ha concedido en su vida la hermana Lucía, en la misma se refirió al infierno de la siguiente manera:

«El infierno es una realidad. Es un fuego sobrenatural y no físico, y no puede ser comparado al fuego que arde, de madera o de carbón». Asimismo ofreció un consejo a los sacerdotes acerca de este tema: «Continúen predicando sobre el infierno porque Nuestro Señor mismo habló del infierno y está en las Sagradas Escrituras. Dios no condena a nadie al infierno. Dios dio a los hombres la libertad de escoger, y Dios respeta esa libertad humana»

 

Visión del infierno de Santa Faustina Kowalska:

 « Hoy, fui llevada por un ángel a las profundidades del infierno. Es un lugar de gran tortura; ¡qué imponentemente grande y extenso es! Los tipos de torturas que vi: la primera que constituye el infierno es la pérdida de Dios; la segunda es el eterno remordimiento de conciencia; la tercera es que la condición de uno nunca cambiará; (160) la cuarta es el fuego que penetra el alma sin destruirla; es un sufrimiento terrible, ya que es un fuego completamente espiritual, encendido por el enojo de Dios; la quinta tortura es la continua oscuridad y un terrible olor sofocante y, a pesar de la oscuridad, los demonios y las almas de los condenados se ven unos a otros y ven todo el mal, el propio y el del resto; la sexta tortura es la compañía constante de Satanás; la séptima es la horrible desesperación, el odio de Dios, las palabras viles, maldiciones y blasfemias. Éstas son las torturas sufridas por todos los condenado juntos, pero ése no es el extremo de los sufrimientos. Hay torturas especiales destinadas para las almas particulares. Éstos son los tormentos de los sentidos. Cada alma padece sufrimientos terribles e indescriptibles, relacionados con la forma en que ha pecado. Hay cavernas y hoyos de tortura donde una forma de agonía difiere de otra. Yo me habría muerto ante la visión de estas torturas si la omnipotencia de Dios no me hubiera sostenido.

Debe el pecador saber que será torturado por toda la eternidad, en esos sentidos que suele usar para pecar. (161) Estoy escribiendo esto por orden de Dios, para que ninguna alma pueda encontrar una excusa diciendo que no hay ningún infierno, o que nadie ha estado allí, y que por lo tanto nadie puede decir cómo es. Yo, Sor Faustina, por orden de Dios, he visitado los abismos del infierno para que pudiera hablar a las almas sobre él y para testificar sobre su existencia. No puedo hablar ahora sobre él; pero he recibido una orden de Dios de dejarlo por escrito. Los demonios estaban llenos de odio hacia mí, pero tuvieron que obedecerme por orden de Dios. Lo que he escrito es una sombra pálida de las cosas que vi. Pero noté una cosa: que la mayoría de las almas que están allí son de aquéllos que descreyeron que hay un infierno. Cuando regresé, apenas podía recuperarme del miedo. ¡Cuán terriblemente sufren las almas allí! Por consiguiente, oro aun más fervorosamente por la conversión de los pecadores. Suplico continuamente por la misericordia de Dios sobre ellos.

Oh mi Jesús, preferiría estar en agonía hasta el fin del mundo, entre los mayores sufrimientos, antes que ofenderte con el menor de los pecados» Diario Santa Faustina No. 741

 

Conclusión

El infierno es lugar y estado, es una realidad preparada por la justicia de Dios para las almas de los réprobos y los demonios, estos últimos no necesitan de un lugar para sufrir el fuego del infierno pues no tienen cuerpo que ocupe un espacio.

Reflexionemos adecuadamente sobre estas realidades, procurando siempre considerarlas para nuestro buen obrar en la tierra.

« Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes. A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas. El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado. En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él. Entonces exclamó: “Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan“. “Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento. Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí”. El rico contestó: “Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la cada de mi padre, porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento”. Abraham respondió: “Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen”. “No, padre Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán”. Pero Abraham respondió: “Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán» Lucas 16,19-31

« Nosotros anunciamos, como dice la Escritura, lo que nadie vio ni oyó y ni siquiera pudo pensar, aquello que Dios preparó para los que lo aman. Dios nos reveló todo esto por medio del Espíritu, porque el Espíritu lo penetra todo, hasta lo más íntimo de Dios»  1 Corintios 2,9-10

 

El infierno y el cielo no son realidades abstractas, les dejo está reflexión de santa Teresita del niño Jesús, que al mismo tiempo servirá para cerrar de forma positiva este artículo.

« Si así de hermosa es la naturaleza, ¿cómo será El que la creó? Si así de bello es este mundo, ¿cómo será el cielo donde me esperan mi mamá y mis hermanitos que ya murieron? La tierra me parecía un desierto, al contemplarla con las bellezas que habrá en el cielo, y sin darme cuenta ya estaba haciendo oración, alabando a Dios»  Santa Teresita de Lisieux en Historia de un alma